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CAJON PERUANO – 14 ABRIL 2012

 
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Publicado por en mayo 11, 2012 en Uncategorized

 

oH, que será, que será…

 
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Publicado por en septiembre 19, 2011 en Uncategorized

 

Rescatando un Poema de Nicomedes Santa Cruz

 

Poema El Café

de

Nicomedes Santa Cruz

 

 

 

A Hugo Guerrero Marthineitz.

“Tengo tu mismo color
Y tu misma procedencia.
Somos aroma y esencia
Y amargo es nuestro sabor.
Tú viajaste a Nueva York
Con visa en Bab-el-Mandeb,
Yo mi Trópico crucé
De Abisinia a las Antillas.
Soy como ustedes semillas.
Son un grano de café.

En los tiempos coloniales
Tú me viste en la espesura
Con mi liana a la cintura
Y mis abóreos timbales.
Compañero de mis males,
Yo mismo te trasplanté.
Surgiste y yo progresé:
En los mejores hoteles
Te dijeron ¡qué bien hueles!
Y yo asentí ?¡uí, mesié!?.

Tú: de porcelana fina,
Cigarro puro y cognac.
Yo de smoking, yo de frac,
Yo recibiendo propina.
Tú a la Bolsa, yo a la ruina;
Tú subiste, yo bajé…
En los muelles te encontré,
Vi que te echaban al mar
Y ni lo pude evitar
Ni a las aguas me arrojé.

Y conocimos al Peón
Con su ?café carretero?,
Y hablando con el Obrero
Recorrimos la nación.
Se habló de revolución
Entre sorbos de café:
Cogí el machete… dudé,
¡Tú me infundiste valor
Y a sangre y fuego y sudor
Mi libertad conquisté…!

Después vimos al Poeta:
Lejano, meditabundo,
Queriendo arreglar el mundo
Con una sola cuarteta.
Yo, convertido en peseta,
Hasta sus plantas rodé:
¡Qué ojos los que iluminé,
Que trilogía formamos
Los pobres que limosneamos
El Poeta y su café…!

Tengo tu mismo color
Y tu misma procedencia,
Somos aroma y esencia
Y amargo es nuestro sabor…
¡Vamos hermanos, valor,
El café nos pide fe;
Y Changó y Ochún y Agué
Piden un grito que vibre
Por nuestra América Libre,
Libre como su café!”

 
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Publicado por en marzo 1, 2011 en Uncategorized

 

/ Coba Guarango /

/Coba Coba (3x)
Coba Guarango

Quema la vida, quema la muerte/
Mentira quema la verdad/
Quema el amor, quema el dolor/
Quema la vela, quema candela/
Quema la sangre, quema mis venas
Quema la tierra, quema candela/
Quema que quema, quema candela/
Quema que quema, quema candela/
Quema la sangre, quema mis venas…/

Coba Coba (3x)
Coba Guarango
Coba, Coba, Coba Guarango (2x)

Quema que quema, quema candela/

Quema que quema, quema la vela/
Que quema, quema, quema candela/
Quema que quema, quema candela/

Coba, Coba, Coba Guarango (2x)

Quema la sangre, quema mis venas /
Quema que quema, quema candela /
Quema la vida, quema la muerte /

Quema que quema, quema la vela /
Quema lo cierto, quema el engaño /
Quema, que quema la verdad /
Quema, quema, quema…. /
Quema la vida, quema la muerte… /

[ Tema: COBA GUARANGO .:.  Artista: Novalima]

 
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Publicado por en febrero 18, 2011 en Uncategorized

 

Artículo / “Afrodescendientes y medicina peruana” _Garcia, Uriel

Nos  es  grato  difundir   los artículos que nos nutren.

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Enlace Web:

 

García, Uriel. Afrodescendientes y medicina peruana“. 23  Enero,  2011. http://elcomercio.pe/impresa/notas/afrodescendientes-medicina-peruana/20110123/702559

 

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HISTORIA

Afrodescendientes y medicina peruana

 

Sanadores. Aunque poco se mencione, durante el Virreinato y en la época republicana, hasta mediados del siglo XIX, los afrodescendientes jugaron un papel importante como profesionales de la salud.

Por: Uriel García*

Domingo 23 de Enero del 2011

 

 

Desde la época de los reyes católicos se prohibió, en España, el ingreso a las universidades a los no descendientes de españoles. Esto para imposibilitar que judíos y árabes se titulasen como profesionales de cualquier clase. Resultaba, sin embargo, que los mejores médicos, sobre todo los que atendían a la nobleza, pertenecían a esas etnias.

 

 

 

La especialización

En España, y solo allí, las profesiones médicas se clasificaron como: doctores o físicos –el grado máximo–, eran sometidos a examen después de estudiar en la universidad; cirujanos latinos: obtenían grado de bachiller en una universidad con dominio del latín –la lengua académica–, además, aprendían anatomía y la supuesta curación de las enfermedades de la piel; cirujanos romancistas: una suerte de enfermeros sin autorización para recetar ni manejar el latín; finalmente los sangradores: que seguían un curso de reconocimiento de las venas superficiales para extraer sangre del sitio escogido y en la cantidad indicada por el médico tratante. Esto diferenció a los españoles del resto de países en los que cirujanos podían ser barberos.

 

 

 

Protomedicato peruano

En nuestro país, con varios siglos de adelanto, se creó una institución descentralizada que calificaba a los profesionales de la salud y vigilaba su adecuado comportamiento. Estos fueron los llamados Tribunales del Protomedicato. Los historiadores desconocedores del protomedicato creen que en España y sus colonias los cirujanos eran solamente barberos y sangradores.

En América, sin embargo, se cometía la injusticia de exigirse un ominoso certificado de pureza de sangre, para entrar a la universidad y poder obtener los títulos de doctor o cirujano latino, pues no podían admitirse a personas que “avergonzaran” a sus compañeros por pertenecer a castas inferiores (como reza textualmente una pragmática de Felipe III, del siglo XVIII).

 

 

 

Médicos de estas tierras

Pese a todo, en las colonias españolas de América, y en especial en el Perú, ocurrió algo singular. Los afrodescendientes fueron admitidos para obtener el título de cirujano latino, profesión que casi ningún criollo deseaba (los hijos de íberos puros no deseaban ser cirujanos latinos). Los únicos blancos fueron los cirujanos españoles adscritos a los batallones militares de ocupación. Para atender la demanda por este tipo de profesionales, el Real Protomedicato de Lima tuvo que admitir a los descendientes africanos como cirujanos latinos. Por alguna razón, quizá por la innata habilidad manual, se prefirió a los afros para amputar piernas o brazos, drenar panadizos, suturar piel y tejidos desgarrados o practicar necropsias. No se hizo lo mismo con los amerindios o sus mezclados.

 

 

 

Hijo de esclavizado

Pedro de Utrilla ‘El Joven’ fue un cirujano latino graduado en San Marcos, hijo de un esclavo liberto de quien se dice que fue también cirujano (aunque no hay pruebas como sí las hay de ‘El Joven’). Ejerció su profesión brillantemente, con fama y prestancia. Sus sucesores constituyeron una tradición de cirujanos de esa etnia hasta mediados del siglo XIX. Existe prueba documental de las importantes operaciones y autopsias que realizó DeUtrilla en Lima. Fue el único que se salvó de la diatriba mordaz de Caviedes, quien le compuso un vejamen –texto burlesco que se redactaba para un recién graduado– en el que alabó sus virtudes sin dejar de zaherirlo con maestría:

 

A una mujer abrió en suma

Por la parte que no cierra

Y una piedra le sacó

Que pesaba libra y media

La mujer no murió, por

Estar de Dios que viviera […]

El ‘Cachorro’, como motejó De Utrilla al poeta, fue un notable cirujano con bien ganado prestigio. Hay que destacar que esto mismo no ocurrió en otros lares. En Norteamérica hubiese sido imposible que un africano ejerciera legalmente la profesión médica.

 

 

 

El doctor Espejo

El doctor Eugenio Espejo, de nombre “remodelado” para bautizarlo (en realidad Eugenio Francisco Xavier de Santa Cruz y Espejo), fue un sobresaliente hombre –mitificado y desfigurado– que hasta en sus retratos aparece cambiada su apariencia facial. Fue hijo de un indio quechua de Cajamarca –Luis Chuzigin– y de una esclava liberta –Catalina Aldás– de Quito. Espejo fue prócer médico y de la libertad de la entonces Capitanía de Quito, primero en el virreinato, del Perú y luego de Nueva Granada.

Vivió en los tiempos de Unanue y aunque no hay evidencia de que se conocieran, ambos postularon los cambios climáticos como factores en la génesis de enfermedades. Murió en prisión por ser un sincero anticolonialista.

 

 

 

Profundizar estudios

Hay pocos datos concretos sobre los médicos de ascendencia africana. El primero que se encuentra –gracias al gran historiador Guillermo Lohmann Villena– es el doctor Juan Llano Jaraba, quien en 1695 obtuvo la borla doctoral. Era hijo ilegítimo de un noble español y de madre cuarterona (hija de español con mestiza). El virrey Conde de la Moncloa ordenó al protomedicato dispensarlo del certificado de pureza de sangre por su sobresaliente rendimiento académico. No hay bibliografía sobre él, pero sí evidencia documental de que durante varios años fue protomédico y catedrático. Juan del Valle y Caviedes lo menciona hasta tres veces y en su famosa obra manuscrita “Hazañas de la Ignorancia”, lo atacó en una extenso Romance, diciendo que solicitó a Llano curarle una fiebre terciana y criticó despiadadamente sus recetas.

 

 

 

El gran Dávalos

José Manuel Dávalos (1758-1821), hijo de un importante español con una esclava liberta, fue –como Hipólito Unanue– seminarista y cursó latinidad, filosofía y artes. Pasó a San Marcos para cursar la carrera de cirujano latino (la única que podía seguir). Su padre pidió permiso para que viajase a Europa, donde ingresó a la prestigiosa Universidad de Montpellier, Francia, y fue discípulo de prominentes figuras científicas, como Lavoisier. Se graduó con honores con una tesis sobre las enfermedades vistas en Lima durante su ejercicio. Su tesis, en correcto latín, fue publicada en francés por varias revistas científicas. En Montpellier siguió cursos de botánica médica. De vuelta a Lima fue maltratado por la universidad y recurrió a la Corte Real para revalidar su título francés de doctor. Al crearse la cátedra de botánica médica se presentó al concurso, pero perdió ante un dibujante (ex soldado raso de un regimiento español sin título académico), protegido de Unanue. Aceptó enseñar gratis mientras durase la ausencia del titular que trabajaba dibujando para una misión botánica. Cuando Hipólito Unanue intentó ser protomédico, la universidad utilizó a Dávalos para contrarrestarlo. El currículo del doctor era imbatible y la universidad lo nombró provisoriamente. El virrey Abascal, entonces un virtual rey de la América del Sur hispana, colaboró con Unanue para atropellar a la universidad y al doctor Dávalos. Unanue fue nombrado protomédico por decreto virreinal y sin concurso. El único médico peruano alabado por Alexander von Humboldt fue este afroperuano.

[*] Médico e investigador, ex ministro de Salud.

 
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Publicado por en febrero 18, 2011 en Uncategorized

 

Artículo / “Lo afroperuano en la literatura” _Carazas, Milagros

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Enlace Web:

Carazas, Milagros. “Lo afroperuano en la literatura”. 23  Enero,  2011.http://elcomercio.pe/impresa/notas/lo-afroperuano-literatura/20110123/702511

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LITERATURA

Lo afroperuano en la literatura

El arribo de otras voces. El negro llegó al Perú esclavizado, pero con un bagaje cultural que se transmitía oralmente de generación en generación y que ha llegado a impregnar la literatura nacional.

Por: Milagros Carazas*

Domingo 23 de Enero del 2011

En el ámbito de la creación literaria nacional, la cultura africana se manifestó inicialmente en los cantos de faena, los bailes (como el tondero y la marinera), los cuentos, las canciones, los pregones, entre otras expresiones muy difundidas desde la Colonia. Vale recordar a los negros palanganas: oradores y versistas que hacían gala de la palabra. La escritura les estaba negada pero hubo excepciones. José Manuel Valdés (1767-1843), por ejemplo, fue un ilustre médico, poeta místico y patriota que publicó “Poesías espirituales” (1816), probablemente el primer texto literario escrito por un afrodescendiente en Hispanoamérica.

Durante la República surgen nombres como Ricardo Palma, quien representa al negro en muchas de sus tradiciones; Abraham Valdelomar que lo describe con singular ironía; y Enrique López Albújar, autor de “Matalaché” donde el negro esclavizado es su personaje central.

Presencia constante

Renombrados autores contemporáneos tienen en lo afroperuano una fuente de creatividad. Antonio Gálvez Ronceros en su “Monólogo desde las tinieblas” (1975), reúne veintitrés relatos que son una mirada al universo del campesino negro de la costa sur. Gregorio Martínez, como Gálvez Ronceros, integrante del grupo Narración, inicia su extensa obra con el libro de relatos “Tierra de caléndula”, también de 1975; continúa con las novelas “Canto de sirena”, de 1977, y “Crónica de músicos y diablos”, publicada 1991. Martínez es uno de los más destacados representantes de la narrativa afroperuana contemporánea. Sus ficciones se desarrollan, por lo general, en el pueblo de Coyungo y sus protagonistas son campesinos de ascendencia africana de quienes capta la riqueza oral. En “Canto de sirena” narra las aventuras amorosas de un personaje real, el anciano Candelario Navarro, y en “Crónica de músicos y diablos” relata los viajes de los Guzmán, familia de músicos afroperuanos y la historia de los cimarrones de Huachipa.

Voz de mujer

Recientemente, incursionando en la literatura escrita por mujeres, Lucía Charún-Illescas publicó “Malambo”, en 2001, una novela histórica que hace una relectura del pasado colonial develando los conflictos sociales, las luchas interétnicas y los procesos de mestizaje y sincretismo cultural. Esta obra describe incluso los elementos culturales de herencia africana, con los cuales el sujeto afroperuano construye su identidad, enfrentando la imposición de los valores de la clase dominante y el rechazo de una sociedad que lo margina. “Malambo” se ha convertido en el foco de interés de la crítica académica mayormente extranjera, porque es una novela que representa la diáspora africana y la experiencia negra en el contexto peruano.

De versos y poetas

En poesía destaca Leoncio Bueno Barrantes (Trujillo, 1921) el poeta del arenal, el poeta obrero de versos contestatarios, autor de “Invasión poderosa” (1970) y “Rebuzno propio” (1976). Versifica de la marginalidad, del destierro de millones de migrantes que han construido otro Perú: “Del río alcé mi canto/ De la arena la flor de los incendios./ Yo quiero que HOY/ Escuches hermano, escuches hermana/ Este canto plural/ Afro peruano,/ Andino,/ Occidental,/ Latino,/ Mundano americano/”, escribe en “El inaudito canto de los Huacatay”.

Sobresalen también Alfredo José Delgado Bravo (1924-2008), sonetista insigne de Chiclayo, autor entre otras de “Las horas naturales” (1968) y Máximo Justo Torres (Majustomo) con su poesía experimental en “Tótem” (2003), quien, desde el puerto del Callao, fluye textos de gran musicalidad con influencia afrocaribeña: “Acá estoy Madame Bantú/ Diga la suerte ¿Qué hay de SALUD?/ Lasalú irá quebrá/poque mucho tú fumá/ Deja ron/ Come má/ ¡Come má negro gangá!/”; y Mónica Carrillo quien concita la atención con “Unícroma” (2007): “Rezaré el padrenuestro en Congo,/ puedo adorar a la culebra con el rito del mayombé bombé,/ nunca me olvidé del vudu,/ tampoco de la ceremonia de iniciación de los indícemes,/ aún recuerdo la regla Congo del Palo Monte,/que las marcas blancas son símbolo de fatalidad/ y como se adivina en el Tablero de Ifá”.

Camino por recorrer

Falta todavía rescatar mucho de la tradición oral de las comunidades afroperuanas, dispersas en la costa, ajenas a los procesos de modernización que vive el país. Sin embargo, hay algunos aportes como “Historia de Yapatera” (2007) de Fernando Barranzuela, coplero y decimista piurano; y “Al pie del cerro Puntudo”. “Relatos yapateranos” (2008) de Abelardo Alzamora, activista y educador de la zona.

En buena cuenta se trata de un corpus que transita entre lo culto, lo popular, lo oral y lo musical. El afrodescendiente que transmitía en un principio su saber mediante la oralidad, se apropió de la escritura con el tiempo y dio paso a una producción literaria diversa, rica y muy original que impregnó las letras peruanas.

Cumananas y décimas

En la vertiente popular, el afroperuano destaca por la práctica de la cumanana: cuarteta octosílaba muy bien lograda en Lambayeque, Piura y Tumbes, y la décima que se impone en el ámbito criollo y urbano. Hasta mediados del siglo XX eran acompañadas con arpa, guitarra, checo o cajón. El contrapunto entre cultores se realizaba en el tambo de la hacienda, acudía la peonada y los campesinos de la zona para divertirse. Hoy, la cumanana y la décima se escuchan de boca de los más ancianos en el campo y los más jóvenes las repiten en las escuelas donde sabiamente se rescatan, mientras que las competencias son organizadas por los municipios como sucede en Zaña, Morropón o Aucallama. Estas manifestaciones artísticas no son exclusivas de los afroperuanos, pero es innegable que han sido sus mejores cultores, entre ellos Nicomedes Santa Cruz, autor polifacético y prestigioso. Destaca que esta práctica versada aproveche la posmodernidad, pues existen grabaciones en CD y se difunde incluso por Internet.

[*] Investigadora y docente de la Universidad de San Marcos.

 
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Artículo / “Lima, ciudad afro” – Gonzales Jaúregui, Yobani

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Enlace Web:

Gonzales Jáuregui, Yobani. “Lima, ciudad afro”. 16  Enero,  2011. http://elcomercio.pe/impresa/notas/lima-ciudad-afro/20110116/699176

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AFRICANOS EN LIMA

Lima, ciudad afro

Presencia africana. Durante los siglos XVI y XVII la mitad de la población de Lima era de origen africano. Como decía don Ricardo Palma el que no tenía de inga tenía de mandinga.

Por: Yobani Gonzales Jáuregui*

Domingo 16 de Enero del 2011

La presencia africana en el Perú colonial fue importante, principalmente en la costa, donde una elevada cantidad de mano de obra esclava fue empleada en los campos de caña de azúcar y haciendas de panllevar. Si bien parte importante de los africanos trabajó en las economías de plantación, su presencia fue más significativa en la ciudad de Lima, donde según los censos coloniales llegaron a representar el 40% y 50% del total de la población de la ciudad, por lo que se consideró a Lima una ciudad negra. Para 1593, el censo arzobispal dio como resultado 12.790 habitantes, de los cuales 6.690 eran negros y mulatos. En el censo de 1636, realizado durante el gobierno del Marqués de Chinchón, dio por resultado casi 30 mil habitantes, de los cuales 13.620 eran negros y 861, mulatos. El resto lo formaban españoles e indígenas.

Ni juicios ni propiedades

Esto motivó a la corona hispana a normar la presencia de africanos. Desde la perspectiva jurídica, los esclavos fueron considerados objetos; por lo tanto, eran parte de la propiedad de sus señores. No podían tener propiedades, ni iniciar juicio alguno sin permiso de sus amos: carecían de capacidad jurídica y eran considerados menores de edad ante la ley. Sin embargo, existieron matices que permiten señalar que estas limitaciones fueron largamente superadas por la población africana y sus descendientes.

Elemento de resistencia

La población esclavizada, al igual que los indígenas, aprendió tempranamente a usar el derecho como elemento de resistencia ante el poder de los amos, hallando en la Iglesia el amparo necesario, pues la doctrina católica le reconocía a los africanos la capacidad de asumir la religión católica como propia. En los tres concilios limenses del siglo XVI se señaló la obligación de los amos de enviar a sus esclavos a oír misa y recibir doctrina todos los días de fiesta, siendo en el tercero cuando se incluye la facultad del esclavizado para demandar a su amo, si no le permite casarse según su voluntad o le impidiese convivir con su cónyuge.

¿Condición humana?

El solo hecho de permitirle cuestionar a los amos a través de un elemento como el derecho –así como otorgarle la libre elección matrimonial–, es reconocer a los esclavizados su condición humana. Asimismo, revela que la dominación ejercida sobre estos no tuvo carácter uniforme porque la Iglesia opuso los derechos civiles a los derechos de propiedad.

Casos memorables

Estos derechos fueron puestos en práctica a solo diez años del Tercer Concilio Limense. El capitán Diego de Agüero, integrante del cabildo de Lima, decidió trasladar a su esclava Leonor fuera de la ciudad por dos años, pidiendo permiso al tribunal eclesiástico. La solicitud fue rechazada porque la esclavizada estaba casada y no se “podía quebrantar el matrimonio por la ley de servidumbre”. Finalmente, el tribunal accedió al traslado solo por seis meses, dentro de los cuales debía volver la mujer bajo pena de excomunión y al pago de una indemnización. Ni el hecho de ser un personaje importante logró que Diego de Agüero use libremente su propiedad. Otros casos similares se hallan en el Archivo Arzobispal de Lima. En 1600 Juan de Villegas, esclavizado de la ciudad de México que llevaba más de 8 años en la ciudad de Lima, demandó a su amo porque lo vendió sin respetar su condición de casado, pidiendo su retorno a la ciudad de México para reanudar su vida matrimonial.

Discurso eficaz

Estos hechos nos permiten señalar que los esclavizados aprendieron a usar eficazmente el discurso religioso a su favor. Esto se propagó en la comunidad afro de forma oral y fue usado como resistencia contra quienes violentaban su vida matrimonial, siendo muchas veces más eficaz que otras resistencias al poder como el bandolerismo o el cimarronaje.

[*] Historiador.

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Publicado por en febrero 18, 2011 en Uncategorized